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Climaterio y riesgo cardiovascular |

Climaterio y riesgo cardiovascular

20111106-climaterio-menopausia-2Llamamos climaterio al periodo de la  vida  de  la  mujer  en  el  que  ha cesado la actividad ovárica y por ello reproductiva. Este periodo se confunde con el término menopausia y de hecho se usa indistintamente para referirse a ello. En sentido estricto menopausia es la fecha de la última regla y es un término que se define posteriormente  al cese de las menstruaciones en la mujer transcurridos al menos seis meses desde la última.

A partir de los cuarenta años en la mujer se inicia  el declive de la  función ovárica que culminará con el cese total hacia los cincuenta años. Es evidente que la mujer se encuentra en una encrucijada pasando de su etapa fértil a otra que conlleva cambios en su psicologí­a y su estado físico. Debido al aumento de la esperanza de vida, que en nuestro medio en la mujer rebasa los ochenta años, debemos tener presente que el climaterio va a ocupar más de un tercio de la vida de la mujer.  Dentro  de  la  semiología  que  se puede presentar en el climaterio habría que distinguir tres etapas: a corto plazo hay un predominio de síntomas vasomotores caracterizados por la presencia de sofocos, intolerancia al calor etc y síntomas psicológicos. A medio plazo  los síntomas derivan de la atrofia urogenital y a largo plazo puede manifestarse la osteoporosis (descalcificación ósea) y las complicaciones cardiovasculares. Todo este cortejo sintomático complica y deteriora la calidad de vida  de la mujer. Hoy en día mantenemos una actitud intervensionista ante el climaterio que ha pasado de ser algo que inevitablemente las mujeres deben padecer a una etapa sobre la que se puede actuar para prevenir las complicaciones descritas previamente y que pueden aparecer en este tramo de la vida.

Refiriéndonos al riesgo cardiovascular  de  la  mujer  en  este  periodo  hay que señalar que durante la edad fértil la mujer mantiene un menor riesgo que el hombre (de hecho el ser varón ya se considera como factor de riesgo no modificable) tendiendo a igualarse éste a partir del cese de las menstruaciones coincidiendo con los cambios hormonales que se producen en el organismo femenino, disminución de la producción de estrógenos y progesterona y consecuentemente aumento de las hormonas gonadotropas  hipofisarias. La causa más frecuente de muerte en la mujer tras la menopausia es la mortalidad de origen cardiovascular  muy por encima de la mortalidad ocasionada por cáncer de mama o útero. Este dato condujo al análisis de los factores de riesgo cardiovascular envueltos en la expresividad de tal mortalidad durante el climaterio y de como se podría intervenir sobre ellos. De los factores modificables se ha comprobado que  el climaterio favorece un aumento de peso y de la tensión arterial. Se producen unos cambios en el metabolismo lipídico  que facilitan un perfil proaterogénico, así como un estado de resistencia a la acción de la insulina que puede facilitar la alteración del metabolismo hidrocarbonado y conducir a la diabetes  y  además  se  genera  un  mayor  estado de hipercoagulabilidad en la sangre. Es  decir, de todo lo expuesto se deduce que la secuencia de acontecimientos sería la siguiente: en el climaterio se producen una serie de cambios hormonales, se agota la reserva folicular de los ovarios y disminuye la producción de estrógenos y progesterona, consecuentemente las hormonas gonadotropas aumentan. Coincidiendo con estos cambios aumenta el riesgo cardiovascular. La cuestión es ¿Hasta qué punto el déficit estrogénico es el responsable de la elevación del riesgo cardiovascular?. Esto llevó a estudiar muy detenidamente las acciones que los estrógenos y también la progesterona ejercen sobre el sistema cardiovascular.

Los estudios realizados al respecto concluyen que globalmente la acción de estas hormonas es beneficiosa y protectora del sistema cardiovascular. La consecuencia lógica salta a la vista, el aporte de estas hormonas reduciría considerablemente el riesgo cardiovascular de la mujer. Sin embargo las cosas no parecen tan sencillas como a simple vista parecen. El tratamiento hormonal sustitutivo de estrógenos y progestágenos, condición imprescindible siempre que la mujer conserve su útero, aplicado por vía oral o transdérmica en forma de parches y con las garantías adecuadas de descartar previamente la presencia de tumores estrógeno dependientes, ha sido el recurso más empleado para mejorar esta situación en la mujer. Los resultados de numerosos estudios controlados mostraban una reducción del riesgo cardiovascular en las mujeres tratadas respecto de las no tratadas. Sin embargo, el famoso estudio (HERS) comunicó que en las mujeres con enfermedad cardiovascular no se obtuvieron beneficios. Recientemente el estudio norteamericano WHI (Womens Health Initiative) iniciado en 1998 se detuvo prematuramente en el 2002  al detectar un ligero aumento de enfermedad cardiovascular en las mujeres que recibían tratamiento hormonal sustitutivo. Poco después se detuvo  también el estudio europeo WISDOM. Sin embargo, la última palabra al respecto aún no se ha dicho y son necesarios más estudios. De todo esto hemos  aprendido, primero que la vía de administración de los estrógenos es importante siendo mejor la vía transdérmica (parches) que la oral,  ya que cuando los estrógenos se administran por la piel se evita un primer paso hepático que desencadena cambios metabólicos menos beneficiosos y además las dosis que se administran por vía oral son mayores y por ello resultan menos fisiológicas que las que hay en condiciones normales, segundo,  que debemos ser cautelosos a la hora de indicar nuevos tratamientos. ¿Qué beneficios se obtienen del tratamiento hormonal sustitutivo? Por una parte mejora de la sintomatología vasomotora de hecho son las mujeres que padecen esta sintomatología las que más lo reclaman y por otra control de la descalcificación ósea que se produce sobre todo en los primeros años del climaterio. Además existen otras alternativas terapéuticas en el climaterio que  pueden emplearse con éxito y que se abordarán en otro artículo.

Como resumen, convendría señalar  que durante el climaterio y habida cuenta de los cambios cardiovasculares que hemos descrito, la mujer debe jugar un papel activo poniendo de su parte lo que esté en su mano hacer, tratando de prevenir los factores de  riesgo modificables. Si como se ha señalado es un hecho irrefutable que aumenta su riesgo cardiovascular, lo primero que debe hacer es evitar o abandonar el tabaquismo que lo empeora.

Si existe una tendencia al sobrepeso  facilitada por los cambios hormonales, debe aumentar su actividad física y vigilar su dieta reduciendo el aporte excesivo de calorías o de aquellos alimento muy ricos en  ellas. Con ello mejorará su perfil aterogénico e insulínico y retrasará la aparición de hipertensión arterial. Si existe una tendencia a la descalcificación ósea debe suplementar su dieta con un vaso de leche (aunque sea desnatada) o derivados lácteos. También es recomendable que coma soja en ensaladas ya que lleva fitoestrógenos (estrógenos de origen vegetal). Con estos consejos y la supervisión de su médico se puede afrontar esta etapa de la vida con garantías para su salud y en la plenitud de su madurez.

Dr. José Abellán Alemán

Sociedad Murciana Hipertenión Arterial y Riesgo Cardiovascular.